Antes que nada, quiero contarte algo: no se trata de mí. Se trata de vos. De lo que estás viviendo, de lo que estás esperando, de lo que quierés guardar para siempre.
Mi trabajo consiste en mirar con atención. No solo lo que pasa delante de una cámara, sino lo que sucede en los detalles, en los gestos mínimos, en esas pequeñas cosas que no siempre se notan, pero que dicen mucho. Soy de los que creen que los instantes más valiosos son los que no se anuncian, los que no se planifican.
Por eso, me gusta moverme con naturalidad. Sin que todo tenga que estar calculado, sin pedirte que sonrías todo el tiempo, sin interrumpir lo que está ocurriendo. Me gusta estar cerca, pero sin invadir. Dejar que las cosas sucedan y atraparlas tal cual son.
Desde siempre, tuve una sensibilidad especial para detectar esas escenas que otros podrían pasar por alto. Tal vez porque, además de dedicarme a esto, soy artista de alma, y aprendí a leer lo que ocurre en los silencios, en una mirada, en la forma en que dos personas se agarran la mano sin decir nada.
Cada vez que entrego mi trabajo, busco que quien lo reciba sienta algo real. Que no sea solo un archivo en un dispositivo, sino una pequeña llave para volver a ese instante. Que al mirarlo, recuerde no solo qué pasó, sino cómo lo vivió.
No soy de los que preparan grandes puestas en escena. Prefiero lo honesto, lo sencillo, lo que habla sin gritar. Creo que la belleza está en lo cotidiano, en lo que a veces se escapa. Y ahí es donde me gusta quedarme.
Si querés que alguien acompañe tu historia desde ese lugar, que le dé valor a lo pequeño, que respete los tiempos, las emociones y los climas, entonces creo que podemos hacer buen equipo.
Mi trabajo es quedarme con lo que importa. Con lo que te gustaría guardar para siempre, incluso cuando no sabías que lo querías guardar.
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